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Con Pixels vuelve la nostalgia por los juegos clásicos y el imperio de los “frikis”

Estamos en una época en la que los videojuegos son cada vez más complejos y sofisticados, los equipos necesarios para jugar a ellos con la máxima resolución y detalles experiencia piden unos requisitos mínimos parecidos a los ordenadores de la NASA y para empezar a jugar puedes tirarte en algunos casos 15 ó 20 minutos sólo en la fase de tutorial intentando aprender a usar todas las teclas, combos y opciones diferentes que te da el juego (y que luego te las sigan recordando durante el mismo para no olvidarlas)... y entonces llega la película de Pixels a los cines para hacernos revivir a muchos lo que eran los juegos clásicos de antes y de que las habilidades necesarias para estos no eran las mismas que se necesitan ahora. ¿Quién no se ha encontrado de nuevo con la posibilidad de jugar a Pac-Man y ya se ha quedado enganchado al mismo? no hace mucho incluso Google nos sorprendió dejándonos jugar a Pac-Man en Google Maps debido al día de los inocentes en EEUU y millones de personas jugaron e incluso se calculó que hubo pérdidas de 100 millones de euros a nivel global debido a que redujo la productividad de las oficinas en todo el mundo. Y es que hay artículos que demuestran que juegos como Pac-Man sirven como herramientas de aprendizaje educativo, ya que en estos juegos, aunque su simplicidad (comerte todas las bolas sin que te maten los fantasmas) y su manejo (arriba, abajo, derecha e izquierda) nos hagan creer que lo dominamos en 5 segundos, realmente hace falta mucha destreza para dominarlo, ya que debemos aprender una serie de patrones para conseguir pasarnos los niveles.  Por tanto los videojuegos nos enseñan conocimiento tácito, lo que solemos llamar práctica o, incluso, experiencia,